RESEÑA BIBLIOGRÁFICA N°1 “Pensar Políticamente”
Autor: Michael Walzer
por Paola Sepúlveda Venegas
El filósofo estadounidense, de corte liberal, Michael Walzer; aborda en esta obra de 18 capítulos cuestiones fundamentales del quehacer político.
“Pensar Políticamente” conduce al lector a una profunda reflexión sobre la sociedad civil, la democracia, la libertad, la justicia, así como los derechos humanos y la ética, y del cómo – a través de la organización de la comunidad- es posible alcanzar objetivos comunes; de justicia e igualdad. Pero una noción de igualdad desde una perspectiva pluralista, ya que varía de acuerdo al contexto cultural, social e histórico. Porque existen distintas áreas o esferas sociales que tienen necesidades y características distintas, según Walzer, y que por lo tanto, requieren enfoques específicos para lograr la equidad (en economía, por ejemplo, la distribución equitativa de la riqueza) a la que denomina: la justicia distributiva. (Capítulo 1).
Esta es la filosofía política de Walzer, que pone en el centro a la comunidad, y donde el Estado debe promover el bienestar y la justicia. La principal diferencia con el liberalismo clásico de John Locke, o Adam Smith, quienes defendían la libertad individual; la limitación del poder del Estado y el libre mercado. Aspectos que aborda en extenso en el capítulo 5, sobre “El liberalismo y el arte de la separación”.
Se está frente a un “liberal diferente” (como se autodefine). De ahí que sea catalogado por algunos autores como “comunitarista”, término que le incomoda.
En el capítulo 1, “Filosofía y democracia” aborda la importancia de la política en la sociedad, que considera una vocación y que para quienes la asumen, lo hacen con toda la carga que eso significa. Como representar los intereses, valores y principios de la sociedad que gobiernan. Hace una analogía entre los recursos o habilidades que tienen los filósofos, los políticos, los sofistas, para ir decantando sobre quién puede jugar mejor el rol de interlocutor, o representante del pueblo; como los políticos. Pone especial atención en los lazos que se generan entre el sujeto, sus sentimientos y la historia que comparte con la comunidad; con los ciudadanos. Esa implicación, de cercanía/lejanía puede corromper el pensamiento, y por lo tanto, puede afectar la verdad de la visión pluralista para reformar y conducir la sociedad. Indica que los políticos – además de estar ligados a la comunidad – deben ser conscientes de las necesidades y deseos de quienes representan. ¿Cuál es el desafío? que los políticos se adapten de manera efectiva a los cambios constantes que experimenta la sociedad porque es dinámica. Además, ser conscientes de la tensión entre la democracia y la filosofía; que “la verdad es eterna pero el pueblo tiene muchas opiniones”. Por eso, argumenta, en democracia, las mayorías son temporales, variables e inestables. Cita la figura clásica de Rousseau y de cómo debió rectificar sobre su visión sobre la legitimidad del poder político; la relación entre gobernantes y gobernados.
En el capítulo 2; «Crítica de la conversación filosófica» aborda un problema frecuente y es que – en general- la filosofía política está más relacionada con la conversación abstracta entre los filósofos que apegada a las preocupaciones y vivencias de la gente. Para Walzer, los filósofos deben procurar acercarse y sintonizar con los problemas de las personas a través de un lenguaje comprensible y haciendo eco a los distintos contextos para teorizar. Acortar la distancia; convertirse en un conciudadano, como indica en el capítulo 1. Para Walzer en la conversación se busca generar un desenlace y lleva implícito el valor del acuerdo. Ahí radica su valor. Se trata de que las personas coincidan en ciertos contornos con una visión del mundo. El diálogo; la continuidad del debate es lo que protege a las sociedades de los malos acuerdos; asegura, lo que nos conduce a tener determinada concepción, por ejemplo de lo que es una “sociedad justa”.
En el Capítulo 3; “Objetividad y significado social”, Walzer reflexiona tanto sobre la objetividad como la verdad objetiva y su significado social, partiendo de la base de que ambas no existen. Que la primera está determinada por el objeto/sujeto; un sujeto activo, y la segunda, porque no hay una sola verdad independiente de la mirada del observador. Ésta termina siendo una construcción social basada en la interpretación y la comprensión compartidas, que a su vez permite crear modelos.
En el Capítulo 4; “El liberalismo y el arte de la separación”, Walzer profundiza sobre el liberalismo y agrega contrapuntos. Si bien es crucial la separación de las distintas esferas de la vida; de los muros de la política, la económica y la religiosa) para proteger la libertad individual y la diversidad, advierte sobre sus riesgos, que pueden llevar al ser humano a la alienación, al individualismo, pudiendo generar los efectos contrarios. Por ejemplo, puede conducir a la explotación económica. Por lo tanto, se debe procurar el equilibrio para garantizar la responsabilidad y el bien común, porque la libertad supone riesgos. Profundiza sobre la libertad, aquella que se goza tras nuestros domicilios, o castillos, repasando la concepción instaurada por Orwell y las pantallas de televisión, así como antepone distintas miradas como la de la izquierda marxista, o la visión de la sociedad contemporánea sobre esos muros, entendidos como líneas unidimensionales, doctrinales e insustanciales. Donde se vive la individualidad del ser, donde pareciera ser que somos todos iguales. Esa homogeneización es recordable a la visión optimista de la historia de Francis Fukuyama, retratada en el libro “El Fin de la Historia y el último hombre”, y que es el resultado de la democracia liberal. En el arte de la separación, para Walzer, la libertad y la igualdad van de la mano.
Tanto en el capítulo 5 “Justicia aquí y ahora” como en el capítulo 6, “La exclusión, la injusticia y el Estado democrático” aborda los conceptos de justicia/injusticia, igualdad/desigualdad, y equidad; sobre la importancia de la política y desenmaraña el vínculo de ésta con la filosofía. Se sumerge en la idea de la justicia distributiva dentro de las sociedades contemporáneas, entendida como el reparto equitativo entre sus miembros. Este tipo de justicia para Walzer no es universal ni abstracta y tiene varios requisitos entre los cuales es necesaria aplicarla dependiendo del contexto; es decir, las particularidades de cada sociedad y sus normas. Ese es el criterio de Walzer para abordar las desigualdades y distribuir los bienes. Analiza cómo las sociedades democráticas lidian con la exclusión y la injusticia en un Estado democrático que se contradice con los propios principios que fomenta. Reflexiona sobre cómo la participación ciudadana y la acción política pueden abordar y corregir estas injusticias y discriminaciones. Cita a Michael Young, sobre el “mito de la exclusión justa”; y la teoría de la meritocracia. En definitiva, explora la tensión entre la democracia como principio igualitario y las exclusiones que pueden surgir de su aplicación. El enfoque de Walzer se basa en la idea de “esferas de la justicia”, que significa que diferentes tipos de bienes pertenecen a diferentes esferas sociales y culturales. Cada esfera tiene sus propias reglas y principios de distribución. Walzer en todo momento nos conduce a una reflexión moral profunda sobre estos conceptos.
En el capítulo 7; “La crítica comunitarista del liberalismo” sostiene que el liberalismo se centra en la libertad individual y descuida la importancia de la comunidad y la cultura. Según Walzer, los comunitaristas argumentan que la libertad individual no puede ser entendida fuera de ese contexto. El problema es que sugiere dos argumentos diferentes y contradictorios, tanto contra la práctica liberal como por la teoría política. Por ejemplo, que la teoría política liberal representa con exactitud la práctica social liberal, o que la estructura profunda de la sociedad es en realidad comunitarista. El problema es cómo se puede entender esta disyunción entre vinculación social y aislamiento político. Para comprender estos dos argumentos críticos en una sociedad inestable menciona cuatro movilidades; geográfica, social, marital y política. Desde la perspectiva liberal, Walter asegura que éstas representan la puesta en práctica de la libertad y de la búsqueda de la felicidad.
En el capítulo 8; “El argumento pro sociedad civil; un camino hacia la reconstrucción social”, se refiere a la sociedad civil, la política y el Estado democrático. De cómo entendemos a esa ciudadanía. Walzer cita a Rosseau y a Stuart Mill, desde la agencia moral “idealismo democrático” a la defensa del sindicalismo. O la idea neoclásica de ciudadanía que afloró en los ́60 en las teorías de la Nueva Izquierda sobre participación. Estima que los “comunitaristas estadounidenses” consideran que la ciudadanía es el antídoto contra la fragmentación de la sociedad contemporánea. Walzer centra la atención en definir cómo se alcanza la “vida buena” desde los distintos autores y perspectivas (mercado; etc;) como Marx, Rosseau y Arenth, aportando con varias respuestas. En este capítulo vuelve a insistir en los conceptos sobre igualdad/desigualdad.
En los capítulos 9, 10 y 11; “Deliberación ¿y qué más?, “Cómo trazar la línea; religión y política y “La política de la diferencia; estatalidad y tolerancia en un mundo multicultural”, respectivamente, Michael Walzer aborda temas como la deliberación y la toma de decisiones en política, la importancia de la diversidad cultural y la necesidad de reconocerlas y respetarlas. Insistiendo en los mismos tópicos de los capítulos precedentes, la necesidad de respetar las diferencias. Hace una interesante lista de pasos a seguir al momento de deliberar y tomar decisiones en política, una suerte de decálogo de once puntos (desde educar a gobernar). Para Walzer la política debe ser sensible a esa diversidad y que cada política pública debe ir en sintonía con las necesidades y preocupaciones de las personas, comprendiendo su multiculturalidad. Además, reflexiona sobre la importancia de la igualdad (otra vez); como valor fundamental que debe ser resguardado por el Estado. Cita como ejemplo a Estados Unidos y la ciudadanía común, pese a las diversas culturas y razas que conviven en esa nación gracias a la migración, siendo un modelo de sociedad abierta e inclusiva.
En el capítulo 12, “Nación y universo” Dos tipos de universalismo, Para Walzer, la nación es una comunidad política basada en la cultura, la lengua, y la historia compartida, que proporciona un sentido de pertenencia. Pero, que ésta no debe ser vista como un fin en sí mismo, sino como un medio para lograr objetivos comunes. Vuelve a los tópicos anteriores, respecto de concebir a la nación dentro de un contexto mundial, mucho más amplio y pone en el centro la responsabilidad de los ciudadanos. Así, los países más prósperos deben tener una responsabilidad respecto de los que no corren la misma suerte. Sobre el universalismo cita ejemplos de la religión como el judaísmo y dios como el liberador común del pueblo.
En el capítulo 13, “El estatus moral de los Estados: una respuesta a cuatro críticos”, Walzer responde a cuatro autores (Charles Beitz, David Miller, Brian Barry y Susan Hurley) a su obra “Esferas de Justicia” que sostienen que los estados no tienen un estatus moral especial. Él concibe que sí porque son responsables tanto de proteger los derechos y las libertades de sus ciudadanos como de responder moralmente hacia su pueblo y hacia otros pueblos; es decir se extiende hacia otras fronteras. Los estados, a su vez, tienen derecho a intervenir en los asuntos de otros estados cuando se violan los derechos fundamentales. Tema que es abordado en extenso en el siguiente capítulo.
En los capítulos 14 y 15; “El Argumento de la intervención humanitaria” y “Más allá de la intervención humanitaria: los derechos humanos en la sociedad global”, indica que la intervención humanitaria es una forma de intervención militar que se justifica por la necesidad de proteger a las personas de la violencia y la opresión, pero además fija límites para su intervención, la que debe estar sujeta a ciertas condiciones, es decir, que debe hacerse en contadas ocasiones, ante lo cual el representante de la ciudadanía debe ser consciente de los costos y beneficios que implica la intervención. En ambos capítulos recalca la importancia de los dd.hh en la política mundial para la justicia y la igualdad. Ante lo cual los estados deben promoverlos y protegerlos.
En los capítulos 16, 17 y 18; “Terrorismo y guerra justa”, “Acción política y el problema de las manos sucias” y “Estados Unidos en el mundo, guerras justas y sociedades justas y una entrevista con Michael Walzer”; respectivamente; el autor aborda la cuestión ética y moral en relación con la guerra y la justicia. Examina cómo se justifican o condenan las acciones militares desde una perspectiva moral. Señala que la guerra sólo es justa si se lucha contra una causa justa y se sigue un conjunto de reglas éticas. Advierte sobre el dilema moral de la acción política y de cómo los políticos – generalmente – están sometidos a la presión de tomar decisiones difíciles que pueden tener consecuencias morales y/o negativas, ante lo cual deben hacerse responsables y estar dispuestos a aceptar esas consecuencias. En definitiva, que toda acción política lleva consigo la toma de decisiones complejas, pero que se sienta sobre la base de la legitimación moral, tal como indica en una entrevista al Diario El País a propósito del conflicto en Medio Oriente, entre Israel y Palestina. Finalmente, Walzer cita a Estados Unidos como un estado que promueve la justicia fuera de sus fronteras.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Fukuyama, Francis. (1992). El fin de la historia y el último hombre (1a. ed., 1a. reimp.). Bogotá: PLANETA.
Revista de Ciencias Sociales. (2012). Nro. 4. Recuperado el 6 de diciembre de 2023, de https://revistatales.files.wordpress.com/2012/05/267_nro4nro-4.pdf
Sánchez-Vallejo, María Antonia. (2023, 30 de octubre). Michael Walzer, filósofo: “Una confederación de Israel, Palestina y Jordania sería una solución maravillosa”, El País. Recuperado el 6 de diciembre de 2023, de https://elpais.com/internacional/2023-10-30/michael-walzer-filosofo-una-confederacion-de-israel-palestina-y-jordania-seria-una-solucion-maravillosa.html
Tales, R. (2012). La ciudad como espacio de la memoria. Tales, (4), 67-72. Recuperado de https://revistatales.files.wordpress.com/2012/05/267_nro4nro-4.pdf


